martes, 14 de mayo de 2013

Todos pensaron que aquella era una tormenta más, que en cuestión de minutos el agua cesaría y el sol aparecería. Pero nada de eso ocurrió. La lluvia le abrió la puerta a las inundaciones, que dejaron su impronta llevándose consigo lo que encontraron en el camino. Fue así como gran parte de la Ciudad de La Plata quedó sumergida bajo el agua y muchas personas perdieron lo poco que tenían.

  La incertidumbre abundaba, las explicaciones faltaban. Nadie entendía el por qué de semejante desgracia. Lo único que realmente sabían es que sus pertenencias no las recuperarían y que sus recuerdos no eran más que imágenes borrosas que se irían diluyendo con el transcurso del tiempo. Abrumados por el mal momento que estaban atravesando y acostumbrados a las respuestas brindadas por el neoliberalismo pensaron que serían marginados o, mejor dicho, ignorados. Sin embargo, no se habían percatado de que cuando la juventud se pone en marcha el cambio es inevitable.
  
   A diferencia de como sucedía en la década del ´90, la respuesta fue inmediata. Ni bien se supo lo de la tragedia acontecida el 2 abril, los compañeros de Templanza Suramericana se mostraron dispuestos a trabajar por una causa común, por una causa que nos competía a todos. Comprendieron la consigna que lanzó Cristina Kirchner. Entendieron que la Patria es el otro y se olvidaron por completo del individualismo. Fue así como muchos dejaron de lado sus actividades, viajaron hasta la facultad de periodismo y trabajaron sin descanso descargando las donaciones que iban llegando.  

  La labor fue brillante y, hasta cierto punto, emocionante. El más chiquito se hacía fuerte, el más grande brindaba una mano a quien la necesitaba. La solidaridad estaba el presente, el compañerismo pululaba en el ambiente. Pero lo más destacable de la jornada militante fue que se hicieron cuerpo los cimentos construidos por Néstor, por ese hombre que no dejó sus convicciones en la puerta de la casa rosada y luchó por una Patria más justa, libre y soberana.

  Unidos y organizados demostraron que la dékada estaba ganada. Pues una vez más la militancia se nutrió de amor al prójimo y la política fue utilizada como herramienta para modificar la realidad. Esa realidad que suele ser injusta y desigual por donde se la mire y que sólo se transformará llevando al cabo un proyecto Nacional y Popular. 

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Página/12

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