VISION NACIONAL - EDITORIAL ("Síndrome de Estocolmo")

domingo, 1 de noviembre de 2015

VISION NACIONAL - EDITORIAL ("Síndrome de Estocolmo"): 23 de agosto de 1973. Jan Olsson ingresó armado a una sucursal del Kreditbanken, en el centro de la capital sueca. Soñaba con salir del banco, con un par de millones de coronas en el bolso. Pero todo se complicó.  Dos policías intentaron detenerlo y el ladrón hirió a uno de ellos.
Olson se atrincheró en el banco, tomó a cuatro rehenes y a partir de ese día, el mundo habla de síndrome de Estocolmo. 
Los que habían perdido su libertad y quedaron a merced del hombre armado, los que obedecían sin chistar al tipo que tomó las riendas el poder a punta de pistola; creyeron que su captor era mucho más confiable, que los que prometían liberarlos. 
Esa extraña relación de complicidad y sumisión, ese fuerte vínculo afectivo con el enemigo, nace de una promesa central del amo: "A partir de ahora sos mi esclavo, pero tranquilo, no te voy a matar. Soy el nuevo dueño de tu vida, pero prometo que no te voy a ejecutar".
Crece un extraño sentimiento positivo que despierta el que somete, porque a pesar de robarte por un rato o para siempre, valores indispensables como libertad, identidad o el significado de independencia y soberanía; el poder asegura que no habrá violencia. Ni un solo tiro, si se respeten todas las reglas de juego que impone el dueño.
El Síndrome de Estocolmo es una respuesta, que la vulnerabilidad maneja a control remoto en situaciones límites. La gratitud para el que se quedó con todo lo que te pertenecía (patria, sueños, proyecto colectivo), es el precio que algunos están dispuestos a pagar, para seguir conservando lo que en ese momento se convirtió en un privilegio: la vida.
En términos políticos y pensando puntualmente en la Argentina, el poder jura que el que habla de liberación, en realidad te propone dar un salto al vacío.  
Con todos los medios a su disposición, repite las 24 horas, los siete días de la semana, los 12 meses del año…, que hay que temer del que promete rescatarte del infierno.
A millones de argentinos, alguien les hizo creer a través de la construcción cotidiana de un país paralelo, que desde 2003, viven en ese infierno. 
La oposición miente; una parte de la familia judicial, sentencia que ese engaño es verdad y la Argentina mediática, modifica tu vida con falsos datos que ella imprime con valor documental.
En 2015 y ante la necesidad electoral, las tapas convirtieron en asesinos a la presidenta, a su jefe de Gabinete y a Milagro Sala. Como si esto fuera poco, juraron que Máximo y Nilda Garré, tenían una cuenta secreta de capitales iraníes y Kicillof cobraba 400 mil pesos de YPF. La frutilla del postre, el disparo que impactó en el centro del corazón del sistema, fue la sobreactuación infame de fraude en Tucumán. 
Primero la denuncia de toda la oposición política encabezada por Macri. Después un tribunal incompetente se dispuso a congelar la voluntad popular, por primera vez en los 32 años de la nueva democracia.
Pasaron 60 días de aquello y casualmente en la elección presidencial tucumana, el FPV se impuso con el 48,54% de los votos, contra el 26,84 de Cambiemos. 
Si ayer hubo fraude, como gritó la foto de familia con Mauricio, Ernesto, Margarita y compañía, realmente es muy raro que la provincia no se rebele y mucho más extraño aún, es que se repita la diferencia de 200 mil votos, de la elección que ganó Manzur.  
Al mismo juego pretendió jugar De Angelis en Entre Ríos, pero al pastorcito ya nadie le cree…
Los diarios que fueron comparsa del poder desde la asunción de Néstor, ayer a la mañana comenzaron a escribir el último capítulo de esta historia, festejando el ingreso de Griesa a la campaña electoral. 
La Nación tituló default y aplaudió en tapa al juez de Nueva York, por elevar el monto de la deuda usuraria con los buitres, a 8 mil millones de dólares.
Hoy la tapa de Perfil, promete verdes para todos y todas: "Si gana, Macri irá al exterior antes de asumir para levantar el cepo al dólar. Su equipo económico planea volver a los mercados y captar un colchón de divisas".  Por supuesto, que el escudo mediático no es la única causa de los resultados, de un muy sorpresivo 25 de octubre. La lista de hechos y actores que entraron en escena, claro que es demasiado larga. 
A una semana del comicio, el fuego cruzado todavía motiva hipótesis interminables y deja demasiadas preguntas sin respuesta. Aciertos y errores, de unos y otros, dejaron al campo nacional al borde del precipio. 
El resultado de ese río revuelto, convirtió a la campaña en una verdadera conspiración contra la verdad. 
Millones de beneficiados, por cada uno de los derechos que hace 12 años no teníamos derecho soñar, ignoraron el propio balance de sus vidas. 
Y a través de los medios y por encargo del establishment, aparecen impermeables a la razón y al sentido común.   
Entre los 8 millones de votos que recibió Cambiemos, no cabe duda que hay muchos asalariados que comprobaron en carne propia, que el FPV colocó al poder de compra de los trabajadores, como locomotora del ciclo económico. 
Sin embargo, optaron por el espacio que habló en campaña de “paritarias fascistas”. 
¿Suicidio? No... Le mintieron tanto, que ya no sabe de quién y cuándo, tiene defenderse. Son rehenes enamorados del amo, como aquellos del banco de Estocolmo.
Más ejemplos. En el voto a Macri, hubo argentinos que se llenaron la boca en los últimos tres años, hablando de inflación y sin embargo, votaron al sector que aumentó un 740% Alumbrado, Barrido y Limpieza. Votaron a los que auspician devaluación, levantamiento del cepo sin anestesia y por consiguiente, dolarización de la economía cotidiana.
Habrá ese mismo contexto, ciudadanos preocupados por la deuda externa, que a pesar de su posición, optaron por la propuesta política que triplicó la deuda en la ciudad que gobierna y sostuvieron como candidato a presidente, al hijo de un grupo económico que se salvó en 1982, con la estatización de sus obligaciones en dólares. Los responsables fueron, Cavallo (presidente de aquel Banco Central) y Melconian (jefe del departamento de deuda externa del mismo banco). 
También debe haber dueños de Pymes, laburantes de Pymes y proveedores de Pymes, que increíblemente votaron al que promete libertad de comercio; apertura de los mercados que terminaría con cientos de miles de pequeños emprendimientos, como sucedió con Martínez de Hoz y como pasó con Mingo.
Sin dudas, hubo jubilados en el voto a Macri y seguramente, alguno de ellos fue uno de los 3 millones que lograron el beneficio, sin tener todos los aportes. Y ese sector optó en Capital, por una candidata a diputada que en 2001 les sacó el 13%.  Y además, votaron un partido que eligió como heredero de Macri en la Ciudad , al dirigente que destrozó el PAMI en tiempos de la Alianza.
Claro que entre los votantes de Cambiemos, hubo beneficiados por la Asignación Universal por Hijo. Esos argentinos decidieron su voto, sin reparar que los economistas del PRO, hablan de desfinanciar al Estado, eliminando las retenciones. Y tampoco les importó, que uno de sus más importantes referentes, señalara que el destino de esos planes era “la canaleta del juego y la droga” y que otro asegurara que “las chinitas de su provincia”, se embarazaban “para cobrar una platita”.  
Hubo docentes, pero parece que cuando enfrentaron a las urnas, no pesaron ni la falta de miles de vacantes, ni las aulas containers, ni el 0800 de persecución ideológica, ni los descuentos por los días de paro, ni la mordaza que les impide hacer declaraciones públicas, ni el monumental aumento de los subsidios a las escuelas privadas. 
Entre los votantes macristas, seguramente hubo homosexuales que en lugar de optar por el sector que posibilitó que hoy puedan casarse o elegir su identidad; lo hicieron a nivel nacional, por el que cuando era presidente de Boca, dijo que eran "víctimas de una desviación", que "no eran son cien por cien normales" y en la provincia de Buenos Aires, apoyaron a una militante del Opus Dei.
Tenemos a usuarios del subte, que votaron al que aumentó la tarifa más de un 300%; al que cambió metrobuses por 10 kilómetros de subte anuales y al que encabezó un negociado tan vergonzante como millonario, comprando chatarra al Metro de Madrid.
Hubo parejas que soñaron con un tratamiento de fertilización asistida y votaron por los operadores de la medicina privada, que en el Congreso se opusieron a la ley. 
También porteños sin vivienda, que votaron al que prometió construir 10 mil unidades por año y solo hizo 350 en dos períodos de gestión.
Por supuesto, que hubo médicos en el voto PRO; pero parece que ni la represión en el Borda, ni la promesa incumplida de un hospital en Lugano o restarle presupuesto al Garrahan, importan demasiado.
Un montón de argentinos, votaron a la oposición empujados por las denuncias de corrupción contra el Gobierno nacional. Pero en esa sintonía, extrañamente optaron por un hombre que rescató la Corte Suprema menemista, en la causa por contrabando de autopartes y al grupo económico que dejó en el Correo, un muerto de 430 millones de pesos.    Todos los ciudadanos que le entregaron a Cambiemos el gobierno de Morón, parece que no recordaron quién fue el cómplice de Rousselot en el histórico negociado de las cloacas.
Posiblemente también, alguien que haya aplaudido a Néstor, cuando dijo que la disyuntiva era políticos o gerentes en la Casa Rosada , ahora votó por el candidato que en el último Coloquio de IDEA, sostuvo que el año que viene, regresará con su gabinete para poder acordar la política económica, con los empresarios.
Habrá votos de Cambiemos, entre trabajadores de YPF y Aerolíneas, beneficiarios de Procrear y Progresar, usuarios del Ferrocarril y padres que vacunaron a sus hijos con alguna de las 19 gratuitas. Habrá argentinos amnésicos que no se acuerdan de Iron Mountain, Niembro, los 82 medios estafados con pautas que nunca recibieron, las inundaciones de 2013, las escuchas telefónicas, la brutalidad de la UCEP , el Fino Palacios, 130 leyes vetadas o los pibes calcinados en un taller clandestino de Flores…
La lista es tan grande, como la brecha que existe entre la mano que les dio de comer y los grupos económicos que en el pasado, les sacaron la comida de la boca. Pero en el fondo, muchos de ellos son víctimas de un cerco informativo, solo comparable con los efectos del periodismo al servicio de la última dictadura. 
A millones de argentinos, les arrancaron la posibilidad de identificar al enemigo y los transformaron en seres indefensos. Como decía Malcom X, los medios de comunicación, “te harán amar al opresor y odiar al oprimido”.
Para colmo de males, el pasado y la memoria, son tesoros que la derecha devaluó por necesidad, apostando al país amnésico. La "restauración conservadora" necesita que sus prontuarios, vuelvan a convertirse en curriculums. Pero la diferencia entre el que no puede recordar y el que no está dispuesto a mirarse al espejo, es que el segundo no quiere enfrentar su peor imagen (bancando golpes militares, susurrando "algo abran hecho", gozando del "deme dos" de la plata dulce y de las bondades individuales del uno a uno, en la convertibilidad).
Mientras los festejos aún no habían terminado, el lobo se sacó demasiado pronto el traje de cordero. Vidal empezó a hablar de un ex gerente de Monsanto, Leonardo Sarquís, como titular de agricultura. El lunes, la Bolsa subió el 4% y bajó el Riesgo País.
Por esas horas, la prensa económica comenzó a plantear que cuatro fondos de inversión de Estados Unidos, le prestarían 10 mil millones de dólares a Macri, para que en el primer año de su hipotético gobierno, inunde de espejismos el bolsillo de la clase media. 
En la misma sintonía, apareció la derecha brasileña con Aécio Neves, pidiéndole a Cambiemos que termine con el “bolivarianismo en América latina”.
Luego, Michetti anunció un tarifazo pensando en el fin de los subsidios, Melconian habló de una devaluación del 60% y la prensa hegemónica tiró que Scioli se bajaba de la segunda vuelta.
Poco después, Jorge Macri dijo que no puede vivir con 80 lucas, arremetieron las declaraciones del director de Ciencia y Tecnología de la Ciudad de Buenos Aires, Carlos Melo, puso en estado de alerta al mundo científico: "Tiene que ganar más, solo el que publica en las principales revistas cientìficas del exterior. ¿No publicaste en Science? Mala suerte, es la vida”.
Desde su bondad, posiblemente producto de su indefensión, quizás fruto de su inmadurez o víctima de una falla en su ADN, el sistema democrático permite que sus detractores, también puedan ser electos.
Los que colaboraron o fueron cómplices, de los que mataron la Constitución cada vez necesitaron hacerlo en el siglo XX, fueron legitimados a través de listas donde brillan sus herederos. 
Mientras tanto, los bárbaros, los autoritarios, los antidemocráticos, acataron el veredicto popular y honraron la decisión del pueblo en distritos claves.
Mario Benedetti sentenció que la clase media, era “medio rica y medio culta”. Que “entre lo que cree ser y lo que es, media una distancia medio grande” y que “desde el medio, mira medio mal, a los negritos, a los ricos, a los sabios, a los locos y a los pobres”. 
La equidistancia disfrazada de justa, empuja a los puros, a los neutrales, a ser indefectiblemente funcionales a los intereses de su enemigo. 
No existe la objetividad, existe un valor muchísimo más fuerte: la honestidad. Y cuando está en juego el futuro de los que menos tienen, el que cree que puede permanecer en blanco, el que apuesta a “cuanto peor, mejor”, está condenando por izquierda, a los millones de indefensos que dice defender.  
Volviendo al principio de esta historia, al robo del banco de la capital sueca del 23 de agosto de 1973, al Síndrome de Estocolmo, al amor repentino de los esclavos por sus amos y al miedo por los que peleaban por liberarlos; la pesadilla terminó 5 días después.
La policía entró al edificio con gases lacrimógenos y en media hora, los ladrones se rindieron. Y a pesar que pronosticaban, una larga lista de muertos y heridos, todos, secuestradores y secuestrados, salieron ilesos.
Los rehenes pidieron clemencia por Olson, se negaron a declarar en contra del delincuente y lo ayudaron a pagar los honorarios de su abogado defensor…
En la pelea del 22 de noviembre, unos votarán pensando en las bombas, los fusilamientos y los desaparecidos y otros, soñando con el fin de los juicios y otra noble amnistía.
Muchos votarán mal, como lo hacen cada vez que les va bien (diría Jauretche) y otros meterán el sobre en la urna, pensando que el futuro debe ser exclusivamente “industria nacional”. 
El 22 de noviembre subirán al ring, los que piensan que “la patria es el otro”, para enfrentar a los que están convencidos que la patria no existe, porque el otro no existe…


Gustavo Campana
- Periodista

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